Un nuevo paradigma organizacional

 

El paradigma organizacional que ha venido funcionando hace unas décadas ya no es viable para afrontar los retos de futuro

Nos encontramos en las puertas de un nuevo paradigma organizacional, el modelo que ha venido funcionando hasta ahora ya no es viable para afrontar los retos de futuro. Y así lo demuestran los distintos fenómenos de los que estamos siendo testigos en los últimos 2 años (elevados índices de estrés, consumo excesivo de psicofármacos, éxodo de profesionales, renuncia silenciosa).

En este árticulo te comparto las causas que subyacen a estos fenómenos y una humilde propuesta de por donde considero que podríamos abordar las soluciones.

En los últimos años estamos viendo un punto de inflexión en el mundo laboral, que se está manifestando con los siguientes fenómenos

  • Síndrome de burn out. El último invierno del 2021, McKinsey reportó que el 49% de los profesionales manifestaron que habían pasado por este síndrome.
  • Consumo excesivo de psicofármacos. España es uno de los países que consume más medicamentos para reducir síntomas de ansiedad y depresión (30% de su población).
  • La gran renuncia, fenómeno que hace referencia al incremento de la salida de talento de las organizaciones en los últimos 2 años. El informe actualizado a 2022 de McKinsey indica que se sigue sosteniendo la tendencia mundial identificada en 2021, en la que 40% de los empleados esta valorando cambiar de trabajo.
  • La renuncia silenciosa, que es la que se da en los empleados que han roto su contrato psicológico con su empresa, y en consecuencia, hacen lo mínimo indispensable para no ser despedidos. 

 

Estos son los síntomas pero ¿Cuáles son las causas que subyacen a estos aspectos?

El filósofo contemporáneo Byung-Chul Han en su libro “La sociedad del cansancio”, pone de manifiesto que nos encontramos viviendo un modelo del rendimiento infinito, en donde no hay límites de resultados porque cada vez la meta y la gratificación está más lejos. Esto provoca que las personas se auto exigen y se frustran cada vez más hasta quemarse, reflejando una profunda crisis de identidad y de libertad.

En paralelo, los dos años de pandemia nos han mostrado la fragilidad y finitud del ser humano. La muerte y la enfermedad de personas cercanas nos han enseñado el valor de la vida. También nos han hecho parar y reflexionar en relación al coste que estamos asumiendo por vivir tan de prisa, descuidando ámbitos importantes de nuestras vidas.

A esto hay que sumarle que estamos enfrentando entornos cada vez más complejos e inciertos, con guerras, crisis económicas, en donde se potencia cada vez más el sentimiento de amenaza.

Y si a este cocktail explosivo, lo mezclamos con la imposibilidad de mostrarnos abiertamente cómo nos sentimos y ocultar sentimientos de tristeza y ansiedad, esto solo lleva a engordar más la intensidad de esta vivencia.

Muchos empleados están intentando adaptarse a esta nueva realidad de la mejor manera posible para combatir esa tensión sostenida, con impacto en su salud física y mental. En el mejor de los casos apuntándose a clases de mindfulness, sesiones de terapia y en otros tomando medicamentos, renunciando o desconectando silenciosamente.

Las personas ya no quieren permanecer en entornos tóxicos de trabajo que impacten en su salud. El éxito para ellos ahora está mas relacionado con tener un propósito significativo, alcanzar un equilibrio entre la vida laboral y personal, gozar de una buena salud y tener tiempo libre. 

Todo este escenario pone de manifiesto la urgencia de virar hacia una nueva manera de trabajar que sea sostenible a medio plazo para las empresas y las personas.

¿Cómo? Con un acercamiento mas empático para conseguir balancear negocio y vida personal.

En términos objetivos ¿Por dónde empezar?

Preguntándonos ¿Cuáles son los costes y los riesgos que están asumiendo las empresas que no invierten en bienestar? Comenzando con los costes por bajas, hasta el impacto financiero de los equipos estresados, y su repercusión en la colaboración, capacidad de pensamiento, innovación y productividad. A esta reflexión hay que sumar el impacto de nuestro posicionamiento como empresa en la sociedad y frente a inversores.

Una vez respondidas estas preguntas, la clave pasará por buscar soluciones. Y esas respuestas tendrán que encaminarse a instalar mecanismos de coherencia en dos direcciones: procesos y personas. De nada vale que promovamos la asistencia a clases de yoga en nuestros centros y prediquemos con conferencias la importancia del auto cuidado, si en paralelo, no instalamos mecanismos que potencien una cultura de trabajo sostenible. 

En este sentido, ya hay empresas que están incorporando nuevas reglas de juego vinculadas a:

  • Asegurar cargas equilibradas de trabajo
  • Hacer un uso eficiente de reuniones (número reducido personas y tiempo)
  • Acotar el “always on” (limitación de correos y reuniones)
  • Beneficios en salud y bienestar
  • Impulsar un liderazgo auténtico, donde se puedan compartir abiertamente los problemas y se puedan identificar alertas de agotamiento físico y mental.
  • Flexibilidad laboral para trabajar cuando y desde donde se quiera
  • Incorporación de espacios que promuevan relaciones y sinergias
  • Conectar a las personas con el sentido de propósito
  • Programas que promuevan el bien común
  • Programas de desarrollo que empoderen a las personas a partir de la conexión con sus fortalezas

 

Solo aquellas compañías que logren avanzar hacia una cultura de coherencia, entre lo que se dice y se hace en términos de bienestar conseguirán: 

–        Mayor compromiso y productividad

–       Mayor agilidad y colaboración al reducir tensión organizacional

–       Mayor inteligencia colectiva

–       Reducir accidentabilidad y absentismo

–       Mejorar el posicionamiento como empresa frente a inversores y sociedad

 

Una última reflexión, estos mecanismos de coherencia, no solo aplican para las empresas. Es responsabilidad de cada uno, construir el mundo en el que queremos vivir. Es fundamental esa co-creación del espacio laboral que queremos habitar. Y para ello es clave atrevernos a trasladar nuestra personalidad y pensamiento crítico sobre la mesa para proponer aquello que sea más sostenible para todos

Soy positiva, estamos frente a un nuevo despertar de consciencia, que estoy segura devendrá en una nueva manera de trabajar y que redundará en una mayor calidad de vida para las personas, mayor competitividad y sostenibilidad para las compañías y mayor riqueza para la sociedad en su conjunto.